¿Ceguera o pura traición del Gobierno?

La revolución que asola Cataluña –lo de golpe de estado ya no cuela–, no se debe sólo, ni mucho menos, a los partidos y colectivos secesionistas, sino que más aún a la actitud de los distintos Gobiernos, o des-Gobiernos, que venimos sufriendo de un tiempo a esta parte, llevándose la palama el actual, legal pero ilegítimo al no emanar de unas elecciones generales, porque sistemáticamente vienen alimentado, amparado y permitiendo dicha situación.

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Después del fracaso obtenido, en la aplicación del artículo 155, por miedo, imprevisión o exceso de voluntarismo. La moción de censura lleva a Sánchez a una victoria pírrica, pues la falta de generosidad de Rajoy hace que los nacionalistas, partidarios del cantonalismo, sean árbitros del futuro político de España. Vuelve el problema con nuevos bríos, gracias en buena medida a la “comprensión” alemana y a la cortedad política de nuestro Gobierno. La suspensión autonómica, es el único camino si no se acepta la independencia catalana.

Es evidente la voluntad del independentismo catalán en proseguir la hoja de ruta marcada por el fugado de Waterloo. Esta evidencia la observan tanto los promotores como la mayor parte de los ciudadanos, el Gobierno no. Parece que el inquilino de la Moncloa sufre una ceguera política, en el mismo momento de entrar en palacio.

Sánchez ha retomado en Cataluña el papel que ya jugaba Rajoy, pero mucho más débil. No se apoya en los catalanes constitucionalistas, sino que todo lo fía a sus dotes para encontrar una solución política, como si el problema radicara esencialmente en una destreza negociadora y no en haber aceptado los votos independentistas para ganar la moción de censura. La secesión constata que, igual que ellos tienen un objetivo claro, el Gobierno no lo tiene y por eso improvisa, oscilando de la debilidad al pánico.

Mientras que Moncloa vende el giro del independentismo hacia la legalidad, la Generalidad reactiva todo el proceso independentista. Puigdemont desde Bélgica amenaza a Sánchez: “el periodo de gracia se acaba. Ser amenazado por un huido de la justicia y que además está suspendido en sus funciones como diputado, hace incomprensible la actitud conciliadora de Sánchez. ¿Acaso puede iniciarse un diálogo con alguien que amenaza? La debilidad del PSOE no viene de sus acciones sino de su inacción, al igual que con Rajoy, de su resistencia a imponer el Estado de Derecho.

La negociación no es posible, pues lo que unos quieren los otros no pueden concederlo. La soberanía nacional no puede trocearse ni negociarse, como tampoco puede sufrir variaciones la integridad territorial. Para los independentistas las otras concesiones gubernamentales, son secundarias con la excepción de un régimen fiscal parecido al que disfruta el país vasco. Si bien esta concesión sólo serviría para obtener una tregua, no un acuerdo.

El proceso independentista catalán se ha convertido en un movimiento insurreccional en toda la línea. Se ejerce la intimidación generalizada en personas, calles, colegios, instituciones y empresas. Esta intimidación en todas sus formas, aunque por el momento no haya que lamentar muertos, con el fin político de acabar con el Estado de Derecho; es lo que Robert Moss define como terrorismo, al estudiar los diferentes tipos de guerrilla urbana del siglo XX.

Sánchez al tomar posesión de su cargo hizo una promesa. Haga honor a la palabra dada y defienda la Constitución, o de paso a unas elecciones generales, a ver si al tercer intento tenemos los españoles más suerte. La rebelión sólo tiene un tratamiento: suspensión de la autonomía, ya sea por el artículo 155 o el 116 y mantener esa suspensión mientras no sea restablecida la legalidad constitucional. El empleo de la fuerza en el marco de la ley es la prerrogativa del poder ejecutivo, ejercerla a conveniencia para amedrentar a los ciudadanos opuestos o tibios es terrorismo. En este caso un terrorismo de carácter nazi por sus planteamientos racistas.

Me sorprende el recorrido operativo y analítico que ha tenido el CNI en este asunto. Si el Gobierno ha tenido en cuenta sus valoraciones es evidente que es necesario cambiar los equipos. Si por el contrario el Gobierno ha hecho caso omiso a los informes de Inteligencia, como ocurrió en el periodo ZP con ETA, no se entiende que el director de la CASA no haya presentado su dimisión, puesto que cada día que pasa los errores en este tema son más trascendentes y menor la capacidad de rectificación.

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